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El manifiesto de la intención: una conversación con Tony Vergara

En la alta esfera del diseño contemporáneo, la línea que separa la materia del espíritu es casi invisible. Existen creadores que dan forma a objetos, y existen artistas —como Tony Vergara— que orquestan estados de ánimo. Con una maestría única para destilar la exuberancia de la biodiversidad panameña en piezas de un misticismo absoluto, Vergara ha logrado una transición sublime: su universo creativo, gestado en la delicadeza de la ilustración y la estructura de la alta costura, ha dejado de ser algo que solo se viste para convertirse en algo que se habita.

En Home Interiors, nos sumergimos en una conversación con él para desgranar su visión. Lo que descubrimos no fue una lección técnica sobre decoración, sino una filosofía de vida: una invitación poética a habitar nuestros espacios con consciencia.

El dibujo como origen y la naturaleza como archivo

Para Tony, todo comienza en el silencio. Su proceso ignora la premura de las tendencias; nace del dibujo como un rito sagrado. «Mi universo creativo nace del dibujo como acto íntimo y del color como lenguaje emocional», nos confiesa. Su inspiración no es una copia literal del entorno, sino una traducción sensorial de este. No busca replicar una flor o un paisaje tropical; busca atrapar su alma: la luz, el gesto y la huella de la memoria.

Sus piezas, ya sean textiles de seda que fluyen o accesorios de carácter escultórico, son fragmentos de un paisaje interior que busca una conexión honesta con quien los observa.

Cuando el objeto se convierte en diálogo

A menudo cometemos el error de separar la moda del interiorismo, pero para Vergara, esa distinción se desvanece cuando la pieza posee un ánima propia. Sus creaciones tienen una naturaleza camaleónica: pueden ser un acento personal en el cuerpo o un protagonista arquitectónico en el hogar.

«Una pieza bien diseñada puede vestir a una persona o transformar un ambiente. Cambia la energía del lugar, aporta carácter y genera conversación.»

Esta premisa redefine el diseño integral. No se trata de «decorar» una esquina inerte; se trata de introducir un elemento narrativo que establezca un diálogo con la luz y con la historia personal de quien habita el lugar. Para Tony, el éxito de una pieza reside en su capacidad de generar coherencia emocional.

La curaduría del silencio: «Menos cantidad, más intención»

En una era saturada de estímulos, la visión de Vergara actúa como un bálsamo para los sentidos. Al preguntarle qué captura su atención al entrar en un espacio, su respuesta es contundente: la curaduría. No el lujo pretencioso, sino la inteligencia de la selección.

«Un espacio bien logrado no es el que tiene más cosas, sino el que sabe elegir», afirma con la convicción de quien entiende que la honestidad de los materiales y la luz son los verdaderos tesoros del diseño actual. Su consejo para quienes buscan dotar su refugio de una identidad auténtica es una máxima que en Home Interiors abrazamos con fervor:

«Elijan desde la emoción, no desde la moda. Una pieza debe resonar con quien la habita. Menos cantidad, más intención. Textiles y objetos que tengan historia, proceso y alma. Eso es lo que convierte una casa en un hogar.»

Habitar el diseño

Finalmente, Tony nos habla de la importancia de la contextualización. Para él, el diseño solo alcanza su plenitud cuando deja de ser un objeto aislado para integrarse en la coreografía de la vida diaria. Es la experiencia de ver una pieza situada en un entorno real lo que permite comprender su verdadera escala y propósito.

Observar cómo un objeto interactúa con la arquitectura y la luz es lo que, en palabras del artista, «permite entender cómo vive, cómo dialoga, cómo transforma». Para Vergara, el diseño no es algo que se exhibe para ser admirado a la distancia; es una propuesta activa de habitar el mundo, creando una conversación sobre historias que ya existen y que cobran vida en cada rincón.

Tony Vergara no solo crea piezas; construye puentes entre el arte y la cotidianidad. Tras esta conversación, queda claro que la verdadera sofisticación no reside en lo que se ve, sino en lo que se percibe y permanece. Al final del día, el diseño con intención es el único lenguaje capaz de transformar una estructura física en un refugio para el espíritu.